martes, 18 de febrero de 2014

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LOJA
ÁREA DE LA SALUD HUMANA
MEDICINA  HUMANA
ANTROPOLOGÍA

Integrantes:
·         Fiama Cueva
·         Juan Felipe Dávila
·         Karem Pardo
·         Gabriela Pinzón
·         Cesar Tinoco
·         Verónica Vega Orellana.
DOCENTE: Dr. Lorena Vallejo
PARALELO: 3                 CICLO:    Dos       
                         




  Tema: Medicalización
En los años 70, el término medicalización irrumpió como una crítica al poder de los médicos, quienes, bajo la excusa del tratamiento, en ocasiones con resultados dudosos, no podían ser cuestionados por los pacientes. Pero  el  término  se  ha  extendido  de manera considerable  y detrás de  la  medicalización  esta 
una poderosa industria biomédica que inunda e impulsa el consumismo de la salud en toda la sociedad.
La medicalización se define como el proceso por el que problemas no médicos se tratan como problemas médicos, normalmente en términos de enfermedad o trastorno. El uso actual del término "medicalización" denota la influencia de la medicina en casi todos los aspectos de la vida cotidiana, y connota una apreciación crítica por los efectos negativos, paradojales o indeseables, de tal fenómeno. En realidad, la medicina siempre ha ejercido un poder normalizador o de control social – básicamente por los conceptos de salud y enfermedad, normal y patológico – estableciendo un orden normativo rival del de la religión y el derecho, que ha venido incrementándose desde la modernidad con la conquista de un auténtico estatuto científico, profesional y político
La medicalización opera mediante un doble proceso: la medicalización de lo que se denomina desviación social, definiendo así la normalidad, y medicalización de la sociedad y la vida privada.
La medicalización se fundamenta en el complejo médico-industrial que ocupa un lugar privilegiado en el sistema productivo en las sociedades de capitalismo postfordista. El conjunto de industrias, grupos de presión y profesionales que lo conforman generan una demanda expansiva para el tratamiento industrial de la misma. Paradójicamente los objetivos del complejo médico-industrial no siempre coinciden con los problemas de salud más relevantes por su impacto. Un reciente libro de gran difusión los ha calificado como “los inventores de enfermedades”. Se inventan problemas para aplicar las soluciones disponibles.
El proceso de medicalización de un problema o situación no es algo instantáneo que acontece en un momento dado, sino que se produce de forma paulatina a lo largo de un periodo de tiempo, generalmente prolongado, y requiere de una serie de condiciones o pasos:
1. La situación, el sufrimiento o el problema debe ser considerado como algo anormal por parte de la Sociedad y, por lo tanto, precisa de una solución o abordaje por parte de algún sector de dicha Sociedad. La consideración de anormalidad, en general, es establecida por colectivos sociales poderosos (como la propia industria farmacéutica, que se ofertará más tarde para solucionar el problema), mientras que suelen ser los sectores sociales más débiles los que quedan englobados en dicha categoría. En muchos de los casos el problema no tiene nada que ver con una enfermedad, aunque la medicina pueda dar una solución (un ejemplo es la cirugía estética, que da respuesta a un sufrimiento que no es causado por ninguna enfermedad).
2. Los sectores encargados tradicionalmente de solucionar dicha situación de anormalidad no dan respuesta a la misma, o dan una respuesta insuficiente o no adecuada a las demandas sociales, por lo que la Sociedad rechaza estas respuestas y excluye o margina estos sectores tradicionales. Esta percepción de que la respuesta recibida es inadecuada puede verse influida por sectores que pueden verse beneficiados por este sentimiento.
3. Se inicia un proceso de búsqueda de nuevos sectores que den respuesta a las demandas no satisfechas. Aunque dicha búsqueda suele incidir sobre el sector sanitario, también puede realizarse en otros ámbitos.
4. Los distintos actores implicados en el proceso de asistencia sanitaria (profesionales, gestores, legisladores, etc.) deben aceptar que dicha situación pase a formar parte de su campo de actuación. Esta aceptación puede verse influenciada por presiones externas y, aunque siempre los objetivos asistenciales y humanitarios de la medicina se han visto influidos por aspectos políticos, económicos y de control social, éstos han ganado peso en las últimas décadas.
5. El sector sanitario busca soluciones para dar respuesta a los nuevos retos planteados. Con frecuencia, la solución aportada precisa de la realización de pruebas diagnósticas y la instauración de tratamiento (farmacológico, quirúrgico, etc.), generándose el fenómeno de la medicalización.
6. Con frecuencia el círculo se cierra porque las actuaciones médicas implantadas no dan respuesta a los problemas, lo que genera mayor incertidumbre y aumento de la inseguridad. Como consecuencia, se generan nuevas situaciones que requieren de nuevas respuestas y éstas llegan, nuevamente, desde el sector sanitario.
 Los profesionales sanitarios ven de forma directa en su práctica clínica diaria las consecuencias de la medicalización, pero a su vez tienen un importante papel en la aparición de dicho fenómeno.
Los profesionales constituyen el grupo fundamental de los actores implicados, ya que tienen la capacidad de determinar qué diagnósticos establecen y qué actuación terapéutica realizan. El resto de grupos implicados (sociedad, medios de comunicación, políticos, etc.) pueden fomentar la medicalización, pero son los profesionales quienes finalmente la llevan a cabo. Pero, aún siendo los responsables finales, no se debe olvidar que están sometidos a una doble presión científico-técnica y social que les induce a la misma, siendo en múltiples ocasiones los únicos que escuchan y aportan algún tipo de actuación a diversas situaciones, aunque éstas no sean efectivas.
La formación médica se centra básicamente en la esfera biológica de los procesos y esto condiciona que exista una tendencia creciente, apoyada por la tecnología, de centrar el origen de todos los procesos en su vertiente biológica, dejando a un lado los factores psicológicos y sociales implicados.
Existe una creciente sobre especialización de la medicina, lo que fragmenta la atención prestada. Cada persona acaba siendo atendida por diversos profesionales. Esto determina que se genere un sobredimensionamiento de los problemas, lo que generalmente deriva en un mayor número de controles realizados, de pruebas complementarias solicitadas, en muchas ocasiones simples repeticiones de la misma prueba, y de medicamentos prescritos con los riesgos y problemas que todo ello puede generar.
Uno de los grandes problemas sin resolver en la asistencia sanitaria, especialmente en Atención Primaria. Este exceso de demanda determina que el tiempo disponible para cada paciente sea escaso, siendo difícil establecer, en el escaso tiempo disponible, las verdaderas necesidades y demandas de los pacientes, sus conocimientos sobre el tema y sus posibilidades de autocuidados, traduciéndose todo ello en la realización de pruebas y la prescripción de tratamientos innecesarios que fomentan la medicalización. No puede dejar de comentarse en este apartado que, en ocasiones, la sobrecarga de trabajo es la razón esgrimida para no realizar algunas actividades y de justificar la forma de realización de otras.
La mayoría de los profesionales, pero especialmente los de Atención Primaria, trabajan con incertidumbre debido a diversas circunstancias: fases iniciales de la enfermedad (signos y síntomas con gran indefinición y variabilidad), relaciones dudosas de causalidad, escasos estudios sobre la efectividad de las intervenciones, etc., y ello genera dudas y ansiedad, que contribuyen al empleo de fármacos de forma defensiva y esto, a su vez, contribuye a la medicalización. En una atención fuertemente burocratizada algunos profesionales han podido sentirse cómodos ante una responsabilidad protegida entre "papeles" (partes, recetas, informes, pruebas complementarias, derivaciones, etc.). En esta situación el manejo de la incertidumbre, como un hecho natural propio del proceso salud-enfermedad y característico del primer nivel asistencial, puede resultar un lujo.
Muy unido al punto anterior, los profesionales no siempre pueden establecer con absoluta certeza qué persona está sana y cuál enferma, qué acontecimientos son normales y cuáles no, y ello determina dudas que conducen a una mayor petición de pruebas complementarias y a la instauración de tratamientos innecesarios. Un ejemplo citado por varios autores de esta dificultad de establecer los límites entre sano y enfermo es la clasificación DSM-IV de trastornos mentales, que identifica como tales situaciones el trastorno de ansiedad por desaparición, los problemas paternofiliales o los problemas religiosos y/o espirituales.
Existe una tendencia creciente a tratar como enfermedad lo que no son más que factores de riesgo, convirtiendo en enfermos personas que únicamente tienen aumentado su riesgo de enfermar y sin que en muchos de los casos existan evidencias del beneficio de actuar sobre dichos factores.
No existen estudios que demuestren la validez de muchos de los métodos diagnósticos existentes ni sobre la eficacia o efectividad de un alto número de tratamientos que con frecuencia se prescriben. Además, es conocido que existe un sesgo en los estudios publicados en las revistas científicas y en las recomendaciones de expertos, ocasionado por diversos motivos. Entre ellos destaca la intervención de la industria farmacéutica, pues una parte importante de la investigación está financiada por ella. Las revistas científicas cubren parte de sus presupuestos gracias también a dicha industria (anuncios, separatas de los ensayos clínicos financiados por ella, etc.), e incluso muchos de los grupos de expertos que emiten recomendaciones existen gracias al patrocinio de la misma. En este apartado también pueden considerarse los estudios en subgrupos artificiales ad-hoc y los megaensayos para obtener significación estadística en mínimas diferencias, en los que las conclusiones obtenidas (que eran las esperadas) son las que han determinado la metodología del mismo.
En parte influidos por la dificultad en establecer el límite entre lo normal y lo patológico y por la falta de evidencias científicas sobre las actuaciones recomendables en diversas circunstancias, los profesionales tienden a utilizar con frecuencia las nuevas tecnologías, aunque no se conozca con certeza su validez y éstas aumenten la sensibilidad de la identificación de alteraciones de la normalidad y reduzcan el umbral a partir del cual deben abordarse médicamente. Se pueden incluir en este apartado las pruebas de detección genética, que están otorgando la etiqueta de enfermo a personas por el solo hecho de tener una alteración genética que aumenta la probabilidad de sufrir una enfermedad en el futuro. La oferta constante de nuevos tratamientos crea un aumento de las expectativas que casi nunca se ve compensado.
Con frecuencia se ponen en marcha distintas actividades con el objetivo plausible de dar nuevos servicios a la población, pero para las que no existen evidencias de su eficacia/efectividad y que fomentan la medicalización al generar la idea de que son actividades necesarias. Además, al existir falta de resultados se genera mayor ansiedad e incertidumbre y nuevas consultas..
En relación con varios de los puntos ya comentados (sobrecarga asistencial, trabajo con incertidumbres, falta de evidencias en muchas situaciones, etc.), junto con el temor a posibles denuncias, existe un tendencia creciente a realizar una medicina defensiva que se traduce en más pruebas complementarias y más tratamientos "por si acaso" que contribuyen al proceso de medicalización de los problemas.
Inercia "medicalizadora" y "farmacolizadora", entendiendo como tal la tendencia inmediata a realizar una intervención, generalmente solicitar alguna prueba complementaria o pautar un tratamiento farmacológico, cada vez que una persona consulta, sea cual sea el motivo de la misma. También puede quedar englobado en este apartado el seguimiento inadecuado de procesos con tendencia a aumentar dosis o añadir nuevos fármacos ante la persistencia de síntomas, signos o alteraciones en las pruebas complementarias, sin verificar si dicha persistencia puede deberse a situaciones como el incumplimiento terapéutico.
Si bien es cierto que el problema de medicalización en general, y farmacolización en particular, es común a todos los sectores sanitarios, no es menos cierto que en la Atención Hospitalaria este problema se ve acrecentado. Esto repercute negativamente en la Atención Primaria, ya que una parte importante de su prescripción es inducida (30-45%), y porque, aunque existe desacuerdo en una parte importante de esta prescripción inducida (15-30%), es difícil de solventar.
Las limitaciones de las recomendaciones de Sociedades Científicas y grupos de expertos viene dada por dos razones. En primer lugar, la falta de evidencias que sostengan las actuaciones en todas las situaciones a las que se deben enfrentar los clínicos. En segundo lugar, y como ya se ha mencionado en el punto anterior, en ocasiones, las Sociedades Científicas y los grupos de expertos, cuyo importante papel está fuera de discusión, ven limitada su capacidad por las relaciones existentes, económicas y no económicas, con las Instituciones o con la industria farmacéutica, y ello puede ocasionar sesgos en sus recomendaciones.
Los profesionales mantienen con frecuencia relaciones con la industria farmacéutica que sin duda condicionan algunas de sus decisiones y pueden suponer un aumento de la prescripción de fármacos que favorece la medicalización de algunas circunstancias.

CONCLUSIÓN
El termino medicalización ha sido un tema de importante interés el mismo que viene arrastrando desde la antigüedad; en donde se ven involucrados los médicos ya que ellos son los que se encargan de obtener y tener un control social de la medicina. Medicalización significa o bueno tiene sus significados muy variados dentro de los cuales el más importante está el que a problemas no médicos se los trata como problemas médicos por lo tanto en la actualidad este término abarca o denota un amplio concepto de la medicina en todos los aspectos cotidianos.
La medicina desde siempre ha propuesto los conceptos de salud y enfermedad principalmente en enfermedad y patología, estableciendo un orden reglamentario de la religión y el derecho.
La medicalización ocupa un amplio complejo entre el médico y las industrias biomédicas las cuales están encargadas de producir fármacos con bases químicas las mismas que van a servir para tratar y aplacar los procesos paliativos característicos presentes en una patología. Cabe recalcar que estas industrias biomédicas son las inventoras de las enfermedades, lo cual es una herramienta de mercado mas no una herramienta de sanación y curación de la salud. Dado esto y esta burla a la sociedad el marketing que manejan las industrias biomédicas son con objetivos netamente comerciales y de lucro; y aquí cabe recalcar el tema de las enfermedades que las propias industrias las crean y que obviamente tienen la cura pero esto solo es una herramienta para agrandar el capital de dichas industrias. Pero cabe recalcar que tras de todas estas técnicas de invención de medicina contra enfermedades paliativas están los países del centro que como tienen poder dentro de esto actúan de manera fundamental para que se lleve a cabo este plan de salud.
Ahora los problemas en los cuales se encuentran los médicos y la sociedad y autoridades sanitarias son los procedimientos o protocolos que se deben tomar para los problemas que se avecinan en lo posterior, los mismos que deben tener un plan de solución tanto en tecnología y talento humano con la instauración de procedimientos fármaco-quirúrgicos junto con su respetiva preparación técnico-científica.
El talento humano juega un papel fundamental en esta etapa ardua para la sociedad, el mismo que debe tener una preparación muy intensa y precisa lo cual permita actuar de manera eficiente y técnica al momento de utilizar equipos y aplicar conocimientos científicos de actualidad, y de esa forma poder emitir un diagnostico a la altura del paciente y enfermedad, para de esta forma poder elegir el mejor tratamiento para la pronta recuperación de individuo implicado en ello. 

BIBLIOGRAFIA
·         Márquez S, Meneu R. La medicalización de la vida y sus protagonistas. Gestión Clínica y Sanitaria. 2003; 5 (2): 47-53
·         http://www.ulexmalaga.org/2009/09/que-es-la-medicalizacion-la-invencion.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario