La
eutanasia etimológicamente,
proviene (del griego “eu”, bien,
“thánatos”, muerte) significa buena muerte, bien morir. Hoy, más estrictamente, se entiende por
eutanasia el llamado homicidio por compasión, es decir, el causar la muerte de
otro por piedad ante su sufrimiento o atendiendo a su deseo de morir por las
razones que fuere. La medicina ante la eutanasia tal y como la plantean los
defensores de su legalización, afecta de lleno al mundo de la medicina, puesto
que las propuestas de sus patrocinadores siempre hacen intervenir al médico o
al personal sanitario, pero la cuestión de la eutanasia no es, propiamente
hablando, un problema médico, o no tendría que serlo, porque la razón de ser de
la medicina es la curación del enfermo en cualquier fase de su dolencia, la
mitigación de sus dolores, y la ayuda a sobrellevar el trance supremo de la
muerte cuando la curación no es posible. La eutanasia, por el contrario, no sólo
es la renuncia a esa razón de ser, sino que consiste en la deliberada decisión
de practicar justamente lo opuesto a la medicina, ya que es dar muerte a otro,
aunque sea en virtud de una presunta compasión. Cualquiera es perfectamente
capaz de advertir la diferencia sustancial que existe entre ayudar a un enfermo
a morir dignamente y provocarle la muerte. La sociedad ante la eutanasia fue un
problema social en aquellas sociedades primitivas en que se practicaba la
eliminación de vidas consideradas inútiles, costumbre que estuvo admitida
respecto a los recién nacidos con malformaciones o los ancianos en distintos
pueblos de la antigüedad, hasta que la influencia del cristianismo acabó con
tales prácticas inhumanas. Desde la llegada del cristianismo, la eutanasia dejó
de ser un problema social hasta el siglo XX, en que algunos vuelven a
convertirla en problema al pretender su legalización. Además debemos
plantearnos la pregunta ¿Cómo afecta la eutanasia a la familia? Si se tiene en
cuenta la facilidad con que se pueden introducir motivos egoístas al decidir
unos por otros en materia de eutanasia: herencias, supresión de cargas e incomodidades,
ahorro de gastos, la tensión psicológica y afectiva que se genera al haber
propiciado un homicidio puede ser, y es de hecho, fuente de problemas e
inestabilidades emocionales, dadas las inevitables connotaciones éticas de tal
conducta, finalmente la eutanasia es un
problema político, sin duda, porque uno de los deberes primordiales del Estado
es el de respetar y hacer respetar los derechos fundamentales de la persona, el
primero de los cuales es el derecho a la vida, y la eutanasia no es sino la
destrucción de vidas humanas inocentes en determinadas condiciones. El Estado
ha de impedir a las personas renunciar al derecho a vivir y, en cambio, les
permite renunciar a otros derecho, como votar, casarse, asociarse, etc., porque
la renuncia a ejercitar el derecho a casarse, a votar, a asociarse o a opinar
sobre una materia determinada, por ejemplo, se refiere a derechos que no quedan
anulados, sino que en otras circunstancias pueden ejercitarse. Estos derechos -
libertades no se pierden por la renuncia a su ejercicio en un momento concreto.
Existen, sin embargo, otros derechos de la persona que, de renunciarse a ellos,
la misma persona o su dignidad quedarían anuladas. En esos casos, el Estado y
el Derecho niegan validez a la expresión de voluntad de quien renuncia a ellos.
Eso ocurre con el derecho a la vida: si una persona pretende darse muerte o
pide que otros la ayuden a morir, está anulando su dignidad y sus derechos con
carácter definitivo; por eso el Derecho no se desentiende de esa decisión, sino
que la considera ineficaz y obliga a poner los medios para evitar que sea
irreversible.
Conclusión: Impulsar los aspectos más positivos de nuestra
cultura si todos hacemos un esfuerzo para ser coherentes con el humanismo que
ha inspirado los aspectos más positivos de la Modernidad. Por ello, todos los
ciudadanos - también de los políticos, los médicos, educadores, familias y demás
personas que han de decidir sobre la eutanasia debemos de tener una consideración
responsable, un trabajo que se inspira en un profundo respeto por cada hombre,
por cada mujer, por cada ser humano, que para quienes creemos en Dios es objeto de un amor singular y personal desde
antes de la creación y no acabará jamás, proyectándose tras la muerte por la
eternidad.
·
Bibliografía:
-
Comité Consultivo de Bioética de
Cataluña: Informe sobre la eutanasia y la ayuda al suicidio.
España: Prous Science, 2006. ISBN 84-8124-228-4.
-
Ignacio Carrasco de Paula (2004). Consejo Pontificio para la Familia.
ed. Lexicón: Términos ambiguos y discutidos sobre
familia, vida y cuestiones éticas (2ª edición).
Palabra. pp. 349 ss.ISBN 9788482399904.

No hay comentarios:
Publicar un comentario